LA AVENTURA CONTINÚA EN...
Mostrando entradas con la etiqueta mala praxis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mala praxis. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de mayo de 2010

Mala Praxis c02: Midori, Vete de mi Mano II

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 2: Midori, Vete de mi Mano II


Una semana antes…

—¡No me puedes hacer esto, Albariña! —Alcé la voz chinchado como un niño de primaria.

—Venga, Gabi, que tampoco será para tanto. —Dijo la Dra. Touriño mientras me daba palmadas en la espalda.

—Pe… pero Albariña… Que es el Salón del Manga… —Seguía con mi actitud infantiloide.

—¿Otra vez, Gabi? —Preguntó extrañada. —¿Pero eso no fue en diciembre?

—Eso fue el Salón del Cómic.

—¿Y no es lo mismo?

—Pues no. Uno es del cómic japonés y el otro es del cómic en general, aunque más dirigido al americano y europeo.

—Mira, a mi me da igual la diferencia, el caso es que ese fin de semana he quedado con un chico y no quiero chupármelo de guardia en urgencias.

Todo este conflicto “entre adultos” se debe a la manía de la Dra. Touriño de cambiar sus guardias cuando a ella le convenga, y aunque por lo general sus presas son sus residentes menores, hoy me ha tocado a mí ser el cabeza de turco.

—¿Y por qué no se lo cambias a Rodrigo como haces siempre?

—A Rodrigo… imposible. Me dijo que tenía cosas que hacer ese fin de semana.

—¡Yo también tengo cosas que hacer! —Contesté indignado. —¿Por qué tendría que cambiártelo yo y no él?

—Muy fácil. —Extendió sus manos para colgarse en mis hombros y susurrarme al oído. —Porque es él quien se viene conmigo de viaje.

Me quedé alucinado. No podía articular palabra. Pero si Albariña siempre se metía con Rodrigo y le trataba como si fuera un niñato… bueno, lo que era en realidad, aunque siempre hablando desde el cariño.

—¿¡Que… que te vas con Rodrigo!?

—Sí.

—...

—Pero no te pienses nada raro. —Me soltó y empezó a hablar con sorna. —Mi hermana de Vigo me ha pedido que la ayude con la mudanza y necesito a un pringado que me ayude.

—Ah, así que era por eso… Pero un momento, ¿por qué no me lo pediste a mí?

—Porque se lo pedí a Rodri. Siempre le estoy pidiendo que me cambie las guardias, y bueno, por una vez me ha dado pena el pobre chico. Así que esta vez, me cambias tú la guardia y él, que me acompañe. —Lo último lo dijo con una sonrisa más bien sádica.

A mi sí que me da pena el pobre chico. Conociendo a la hermana de Vigo de Alba, seguro que tendría que cargar con inmensos muebles y demás mobiliario totalmente innecesario. Rodriguín, descansa en paz.

—Todo eso me da igual. —Dije con firmeza. —Soy tu jefe, lo lógico es que yo me aproveche de ti… en lo de cambiar horarios.

Ojala pudiera aprovecharme de otra forma, pero no se dejan, y como me pase, se me cae el pelo, el fonendoscopio y el talonario.

—Mira Gabi, tú y yo ya nos conocemos desde hace un tiempo. —Albariña se puso seria. —Y conozco tu terrible secreto…

—¿Cuál? ¿Mi colección de porno? ¿Mis almohadas con personajes anime? ¿O quizás, el póster de las Supernenas que tengo en mi habitación? —Pregunté aterrado.

—Gabi, eso ya lo sabe todo el hospital. Ya no es un secreto.

—¿Entonces... cuál? —El terror llenaba mis ojos.

—Lo que escondes bajo de esas gafas de sol… —Dijo Albariña mientras ponía una mueca traviesa.

—¡Ja! —La contesté. —Eso es algo que ya sabe medio hospital, dilo si quieres.

—Puede que lo sepa la gente del hospital, pero hay gente que aún no lo sabe.

—¿Y a mi qué más me da?

—¡Los lectores! —Una luz apareció tras la espalda de la doctora de origen gallego.

—¡No serás capaz! —Grité sorprendido.

—Pruébame y lo verás, Gabi.

—No puedes hacerme eso… ni al autor tampoco. —Y que lo digas. (Fdo: El autor) —Eso no se desvelará hasta dentro de, por lo menos, dos capítulos. Si haces eso, una de las mayores sorpresas de esta historia se irá a pique… es como si contaras el final de LOST antes de la Noche Perdida.

—Bueno Gabi, ya sabes la solución.

Maldita meiga maquinadora, me tiene cogido y bien cogido. Y no, no es el coger de Argentina, me refiero al significado malo.

—Esta bien, Alba… Tú ganas. —Agaché la cabeza consternado.

—Eso está mejor, Gabi. —La sonrisa de siempre volvió a su cara. —Además, tampoco creo que te perdieras gran cosa… Todos los años es igual.

Adiós a la oportunidad de conocer a Masakazu Katsura…

Continuará...


Anterior
Siguiente (¿Quién sabe?)

LEER COMPLETA

sábado, 13 de marzo de 2010

Mala Praxis c02: Midori, Vete de mi Mano I

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 2: Midori, Vete de mi Mano I


Yo, Gabriel Salcedo, soy el médico responsable de la planta 13 de medicina interna de un hospital universitario cualquiera… pero en realidad, soy un panadero nacido con las “manos nucleares” que intenta crear el pan español definitivo, el ES-pan.
Lo primero es cierto… lo segundo, lo dejo a vuestra elección…

Era una tarde tonta y caliente, de esas que quema el Sol en la frente... Creo que tengo que dejar de escuchar Estopa a todas horas. En cualquier caso, era una tarde tranquila de primeros de mayo, donde poco había que hacer salvo estar sentado en mi escritorio frente al ordenador, mientras twiteaba un poco.

Y habría sido una tarde como todas las demás que pasaba en mi apartamento, si no fuera porque me encontraba sentado en el despacho de la sección de amarillos de urgencias. Tampoco es que me pudiera quejar mucho, ya que el servicio se estaba presentando como “fácil”, comparado con el infierno que supone a veces una guardia aquí.

—Doctor, le traigo una paciente anciana que refiere dolor de estómago. —Me dijo la enfermera responsable.

—Vale, llévala al Box 1, y que se siente en la camilla. —Respondí mientras tecleaba en el ordenador.

—Y, por favor, deje de meterse en Internet… —Me dijo mientras levantaba una ceja. —Que los médicos están para sus pacientes.

—Ya, pero yo ya soy un pro entre los pros. —Contesté sonriendo. —Mi cabeza puede estar en muchos lugares a la vez.

—Pues será mejor que una de sus cabezas se mantenga aquí, o se la tendré que cortar.

—¿El qué?

—La cabeza...

—¿Qué cabeza…?

—¿Ya estamos otra vez, Gabi? —La enfermera dio media vuelta. —Me estoy cansando de tus dobles sentidos.

Apagué el monitor con una sonrisa de oreja a oreja. Se podría decir que mi trato con las enfermeras, bueno, con las féminas de todo el hospital, era bastante bueno. Y aunque no me comiera un rosco, había cogido confianza con muchas de ellas. ¿Será por eso que todas me suelen llamar Gabi? A veces, creo que hasta se olvidan de que soy un “ilustre” médico de este hospital.

Llegué al Box 1 donde me esperaba el paciente promedio de las urgencias de un hospital, una señora mayor con dolor de tripa.

—Buenas tardes, señora… María del Mar Revilla… —Saludé amablemente a la anciana.

—No muy buenas, doctor, si tengo que estar aquí. —La señora comenzó a hablar. —Fíjese usted que ayer estaba paseando por la calle con mi perro Gustavo, y de repente me dio...

Media hora de soliloquio por parte de la anciana después...

—Entonces, me está usted diciendo que su hermanastro se quiere quedar con la finca del pueblo, pero que no tiene ningún derecho sobre ella, ya que en realidad era de su padre, que no era el padre de su hermanastro.

—No, a ver Doctor, lo que quería decirle era que mi hermasnastro, en realidad era adoptado, y que tampoco tenía...

Tras quince minutos de discusión...

—Ah, vale. Entonces, al final en la herencia salía sólo su nombre y… espere un momento. —De repente me di cuenta de que había caído en su juego. —¿Y todo esto qué tiene que ver con su dolor de tripa? —Un juego diabólico perfeccionado por las señoras de este país.

—Esto, sabe usted, creo que ya se me ha pasado. —Respondió tan ancha. —Parece que sólo eran unos gases. Pero el hablar con usted me ha debido tranquilizar.

—Bueno, vale señora, pero márchese por favor. —Le respondí medio indignado. —Y si no le duele haga el favor de no venir, que gastamos dinero públicos y hay más pacientes… —Me paré a pensar un segundo. —Da igual, señora, vuelva cuando quiera.

—Gracias Doctor, y cuídese mucho. —Se despidió la ancianita.

Muchos de los pacientes que vienen al hospital lo hacen por mero aburrimiento. Y es cierto que, muchas veces, puede suponer un grave problema debido a la gran saturación que sufren los servicios de urgencias, pero en un día tan tranquilo como hoy, no pasa nada. Además, hay que cuidar de los mayores y a mi también me viene bien para desconectar un poco, aunque sin pasarse.

—Bueno, parece que esta guardia va a ser muy tranquila, ¿eh? —Le dije a la enfermera.

—Pues sí, parece que hoy no hay mucha activi… —El sonido del teléfono la interrumpió.

—¿Ocurre algo, enfermera? —Pregunté extrañado.

—Sí, ahora mismo se lo digo. —Seguía hablando por teléfono.

—¿Qué pasa?

—Gabi, han llamado de agudos . Quieren que vayas a ver un paciente de los “tuyos”.

—¿Cómo que de los míos?

—No sé, es lo único que me han dicho.

—Voy para allá de inmediato.

Me despedí de la enfermera y me dirigí como un rayo a la zona de agudos. Mientras sorteaba las camas que había situadas por el pasillo, un médico joven me paró. Se trataba de uno de los residentes de primer año que estaba de guardia, y me señaló la camilla con “mi nuevo paciente”.

Al verlo, lo primero que hice fue ponerme la mano en la cara. Era un chico joven, entre los veinte y los treinta años, con el pelo teñido de rubio, un uniforme de instituto negro de corte japonés y una marioneta en la mano… Una muñeca de Midori…

Ah, se me había olvidado mencionar que este fin de semana se celebraba el Salón del Manga de la ciudad...

Continuará...


Ha llovido mucho desde que terminé el capítulo 1, pero entre exámenes y enfermedades, no me había dado tiempo a terminarlo, y me gusta tener todo hecho antes de colgarlo por partes.

Sólo dos cosas que aclarar respecto a este fragmento:

- Amarillos es como se conoce en los hospitales a la zona de Urgencias a donde se remiten los pacientes que no presentan un estado grave, y que, por lo tanto, pueden “esperar un poco más”.

- Agudos, en contrapartida a amarillos, es a donde se mandan a los enfermos muy graves. Es la zona más saturada de Urgencias, y no es raro ver camas en los pasillos.


Anterior

LEER COMPLETA

martes, 9 de marzo de 2010

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina

LEER COMPLETA

martes, 22 de diciembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina VII (Final)

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina VII (Final)


Era la enfermera Garrido.

—Sí, están haciéndole la TC que usted mandó. Había un hueco libre, y como dijo que era urgente, pues la bajamos.

—Ah, esto, vale…

—¿En serio creía que la chica se había tirado por la ventana?

—Sí, bueno… algo así. Que esto quede entre nosotros. Me sentiría algo violent…

—20€.

—¿Cómo?

—Venga, Gabi, suelta la pasta si no quieres que cotillee como siempre.

—Vale, tú ganas.

Mientras le daba el billete pensé en algo poco tranquilizador: ¿Por qué todas las mujeres que están buenas a mi alrededor me mangonean? Y sobre todo, ¿por qué las dejo que me llamen Gabi…?

En el camino de vuelta al despacho, comencé a enlazar todo lo concerniente a Maruja. Ahora todo tenía sentido, ya sabía su diagnóstico, y lo más importante, sabía la causa de todo aquello.

Abrí la puerta.

—Joder, Gabi, ¿por qué has salido disparado? —Preguntó Albariña recostada sobre la silla.

—Todo a su debido tiempo, Albariña. —Dije sereno. —Vamos a bajar a la sala de tomografías a ver de primera mano la TC de Maruja.

—¿Puedo ir yo, Master and Commander? —Dijo Jesús ilusionado.

—No, que allí no cabemos más que cuatro, y el técnico tiene que estar allí.

—Pues ya no te dejo la primera edición de GUNNM

Este chaval me conoce demasiado.

—Está bien… Rodrigo, vete a hacer la ronda del resto de pacientes con la enfermera Garrido.

—Voy corriendo. —Y Rodrigo salió corriendo.

A este chaval, le conozco demasiado bien, incluso sus puntos débiles. Aunque claro, con lo buena que está Garrido, es punto débil hasta para mi.

Dos largas horas de tomografías normales y cuatro cafés después, nos reunimos todos en la habitación de Maruja.

—Maruja, ¿cómo te encuentras? —Me dirigí a ella tranquilo.

—Bien, creo. —La chica parecía inquieta. —¿Qué me pasa Doctor?

—Ya tengo el diagnóstico, aunque antes debo hacerte una última pregunta.

—¿Otra más? —Se quejó Maruja.

—Es fácil y corta, así que tranquila. —Tomé aire. —¿Qué tal duermes por las noches? ¿Notas como si no tuvieras tanta necesidad de dormir?

—Pues ahora que lo dice, no duerno mucho, pero tampoco es que esté muy cansada. —Respondió extrañada.

—Ya lo tengo todo. —Comencé a mirar a todos los de la habitación. —Este era el único dato que me quedaba para completar el diagnóstico.

—Gabi, ve al grano que nos tienes a todos en ascuas. —Albariña me metió prisa. —Aunque creo que me lo imagino.

—A ver Maruja. —Dije ya en un tono más serio. —Tienes trastorno bipolar, también conocido como enfermedad maníaco-depresiva.

—¿Pero cómo? ¿Por qué? —Se sorprendió Maruja,

—El primer síntoma fue el motivo de tu consulta. Lo que tú llamas “Poder hacer lo que quieras”, es uno de los síntomas principales de la manía, es decir, nociones de grandeza, también conocido como “megalomanía”.

—… —Maruja calló de repente.

—También me di cuenta de que mezclabas sentimientos contrarios. A veces estabas melancólica, y otras tenías un júbilo y euforia exagerados, también había momentos en los que estas muy irritable y justo después, comprensiva.

—Pero Doctor, ¿eso no puede ser simplemente su carácter? —Me interrumpió Rodrigo.

—Yo también le pensé así en un principio. —Continué con la explicación. —Pero toda esta conducta explica los síntomas. Además, el que tenga insomnio y negara en un principio cualquier tipo de enfermedad psiquiátrica no hace más que confirmarlo.

—Pero Doctor, ¿por qué? —Maruja me miraba con tristeza en sus ojos.

—De este trastorno aún no se conoce su detonante exacto, pero todo hace indicar que ha sido la tensión que has sufrido a causa de tus padres, sobre todo el haber tenido que leer obligada tantas y tantas historias. Tanto el juicio por emancipación como el repentino cambio de instituto fueron la gota que colmó el vaso. Sólo hay una cosa que no me queda clara, ¿por qué tienes un apellido distinto al de tu padre?

—… —Maruja no podía articular palabra. —Salamina es el apellido de mi madre. Y en realidad me llamo María, “Maruja” sólo es un apodo de mis amigos.

Así que era eso. El nombre era pura casualidad.

—¿Y por qué no se dieron cuenta de esto los psiquiatras y los neurólogos? —Dijo Albariña.

—Fácil. Maruja, ¿les contaste la historia con tus padres?

—No, dije que estaban muertos. —Contestó apartando la mirada. —No tengo confianza hablando con los hombres.

—¿Ves? En este hospital todos los de psiquiatría y neurología son unos viejos carcas. Espero que cambie pronto, que ya va siendo hora de que las recién licenciadas se vayan haciendo paso. Ya hace falta carne fresca.

El codo de Albariña se dirigió inmediatamente a la zona que ya sabéis.

—¿Y qué pasará conmigo ahora? —Dijo Maruja mirando sus manos.

—Tranquila, déjalo todo en mis manos. Hablaré con tus padres y con tu abogado para arreglarlo, y con eso te pondrás mejor. Pero lo haré mañana, así que tú tranquila, que el Dr. Macías se va a quedar contigo. Yo me despido por hoy.

Me encaminé hacia la puerta de la habitación.

—¿¡Pero Doctor…!? —Rodrigo salió conmigo. —¿Me va a dejar con todo el marrón a mi solo…?

—Rodrigo, no pasa nada, el caso ya está resuelto, y mi turno se ha acabado, así que, si me disculpas.

—¿¡Y yo qué tengo que hacer ahora!?

—No sé. Quédate con la chica, y a lo mejor empieza a tenerles confianza a los hombres, y tú a las mujeres. —Solté una risotada.

—¿Y por qué no lo hace usted...? —A Rodrigo ya se lo oía lejos.

—Cuando cierta persona termine cierta décima novela…

Todo sienta mejor cuando cumples con tu deber médico. Me encanta que los planes salgan bien.

PRÓXIMO CAPÍTULO: 02 - MIDORI, VETE DE MI MANO


Anterior

LEER COMPLETA

viernes, 18 de diciembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina VI

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina VI


—Hola Maruja. —Dije nervioso. —¿Y estos chicos son…?

—Nada, son compañeros de clase y miembros del club al que pertenezco. —Dijo Maruja con tono autoritario. —Chicos, salid un momento, que aquí el médico parece que tiene que hablar conmigo. La reunión de hoy queda... ¡terminada!

No sé si aluciné más con el grito que pegó cuando dijo “terminada” o con la pose rarita que pusieron.

—La virgen… —Musitó Albariña. —Estos chavales de hoy cada vez están peor. A veces pienso en hacerme un plan de pensiones en Suiza por si la cosa anda mal.

—Al menos sabemos que las chicas de hoy en día están bien formadas…—Le dije a Albariña pensando que hablaba con Rodrigo.

Su contestación no fue verbal precisamente.

—Así que tú eres Maruja. —Comenzó a hablar Albariña mientras yo me retorcía de dolor por su temible codazo. —Yo soy la Dra. Touriño, y te haré el seguimiento junto al Dr. Salcedo a partir de ahora.

—Por fin alguien con inteligencia en este hospital. —Soltó Maruja, mientras me observaba con mirada inquisitiva. —¿Se sabe algo de mis resultados?

—Sí, que todo es normal, sin embargo… —Le contesté hasta que Albariña me cortó.

—Sin embargo, vamos a tener que hacerte otra prueba. ¿Sabes lo que es una TC, no? —Le preguntó Albariña.

—Sí, es una de esas cosas mejores que una radiografía y que hace como cortes del cuerpo, ¿no?

—Yo no lo hubiera explicado mejor. —Dijo Albariña con sonrisa de anuncio. —Pero antes el Doctor y yo te vamos a hacer un par de preguntas más.

—¿Es que esto no va a terminar nunca? —Dijo Maruja indignada.

—Te prometo que si todo va bien, éstas serán las últimas que te hagamos. —Dijo Albariña mientras le ponía una mano en el hombro.

—Vale, ¿qué queréis? —Contestó Maruja. —Y rapidito…

Yo a esta niña un día me la cargo, pero por desgracia el cabrón de Hipócrates me lo prohíbe.

A continuación, acontece una conversación entre Maruja y Albariña, y como son dos mujeres con plenas facultades mentales, la conversación es larga, muy larga, y con mucho chismorreo, por eso utilizaré el método Anti-Naruto, en lugar de meter relleno, lo quitaré. Si os digo la verdad, no es que no quiera ponerlo, es que sólo presté atención a lo siguiente.

—Bueno, comenzaremos tomando nota de tu historia una vez más. —Dijo Albariña.

Media hora después…

—… y entonces dices que has fundado un club en tu instituto, ¿qué clase de club es? —Preguntó Albariña.

—Algo normal, estamos en una sala y hablamos sobre tonterías. —Dijo Maruja aburrida. —La última vez hicimos una película y…

Quince minutos después…

—… y aquella vez pensé que podía hacer que mi gato hablara, fíjate tú. Pasé un miedo terrible… —Temblaba la voz de Maruja.

—Bueno, estate tranquila. Ahora quiero que me hables de tu entrada al instituto. —Siguió Albariña.

Casi tres cuartos de hora después. En serio Albariña, tienes que dejar de parlotear tanto con los pacientes…

—Y así fue como conocí a Kiko. Un chaval muy majo que me ayudó con lo del club, pero que te suelta una bordería a la mínima. —Seguía Maruja.

—Entonces, estás diciendo que la entrada a tu nuevo instituto no te supuso ningún problema… —Preguntó Albariña.

—Bueno, no es eso. —Maruja parecía más preocupada por momentos. —Siempre es difícil cambiar de aires, sobre todo sin una familia que te ayude.

—Ahí quería llegar, Maruja. —Se levantó Albariña. —Quiero que me hables de tus padres.

—Eh, yo no tengo nada de eso. —Maruja apartó la mirada. —Ya le dije al Doctor que no quería hablar de esas cosas.

—Pero Maruja, es importante para que te pongas bien. —Dijo Albariña con un tono de preocupación.

—Ya, es que… pero…

—Maruja, por favor…

—Está bien, pero quiero que ese elemento se marche. —Obviamente me señalaba a mí. —No me siento segura con un hombre delante.

—Gabi. —Me miró Albariña. —Déjanos a solas un rato.

—Está bien “jefa”. —Le dije con sarcasmo. —Te espero en el despacho.

En momentos como este es cuando pienso que acerté en ir a la ceremonia de graduación de la Facultade de Medicina, para rogarle que se pusiera a mi cargo. No iba a dejar que alguien con tan buenas “aptitudes” y que había salido en el periódico, se me escapara. Pero al mismo tiempo, me sentía un poco impotente.

Una vez llegue al despacho le dije a Rodrigo que no me hablara. Estuve sentado hasta que…

Una hora después…

Albariña llegó con los ojos rojos y con los mocos cayéndosele. —Joder, Gabi. Lo de esa chica es muy triste.

—¿Qué pasa? ¿Qué te ha dicho esa muchacha? —Le pregunté con preocupación.

—Sus padres… sus padres… —Sollozaba Albariña.

—¿Qué? ¿Qué? ¿Por Dios mío, qué? —Le agarré de los hombros.

—Sus padres… snif… dirigen una editorial…

—¿Qué? —Pregunté con estupor. —¿Una editorial? ¿Y qué tiene eso de malo?

—Dirigen una editorial que al parecer edita manga en España y Argentina, y a la pobre niña… a la pobre niña…

—¿Qué le hacen? ¿La pegan? ¿La insultan?

—La obligan a tragarse todas las mierdas que quieren licenciar para ver si tienen éxito. —Yo flipaba en colores. —Al parecer la pobre chica leyó hace unos años una cosa en un foro femenino, un manga de nosequé Mayu, o algo así, y se lo dijo a su padre.

—No me jodas… ya sé quién es…

—El caso es que la cosa fue bien, y ahora obliga a Marujita a trabajar como asesora editorial, y la chica no puede más, dice que quiere desaparecer, que incluso pidió la emancipación legal para alejarse de su padre, cambiarse de instituto y vivir sola en un apartamento.

—Pero, Dios mío, eso lo aclara todo. Eso significa que tiene…

Alguien abrió la puerta de golpe.

—¡Joder! ¡He aprobado! ¡Por fin he aprobado Farma! ¡Master Salcedo, ya no seré un cateator nunca más...!

—Dios que susto me has pegado, Jesús. Enhorabuena, y todo eso, pero no es el mejor momento…

—Ah, por cierto, Master. He visto a la de la 41 que mi dijo Rodrigo que estaba tremenda y ¡leches!, qué temperamento. —Dijo Jesús sobresaltado. —Si hasta se parece a Haruhi Suzumi…

—… ya. ¡Ya lo tengo!

Salí corriendo directo a la puerta de la habitación. Como había podido estar tan ciego. Pero cuando entré, no había nadie…

—¡No me jodas! —Grité. —¡No puede ser verdad! ¡La chica ha dicho que quería desaparecer y lo ha hecho!

No puede ser.

Estas cosas no ocurren en la realidad.

Esto sólo pasa en las novelas de un trillado que ni siquiera puede terminar lo que ha empezado.

Es la Desaparición de Maruja Salamina.

—¿Dónde… dónde estás Maruja? —Grirté a los cuatro vientos con ambos brazos alzados. —¿Dóndeeeee?

—Están haciéndole la TC.

—¿Eh?

Continuará...


El próximo martes 22, el desenlace... Solo en BLOGDECHUSE.


Anterior

LEER COMPLETA

martes, 15 de diciembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina V

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina V


Toda la noche pensando, toda la noche en vela y no he podido resolverlos. Las dudas que inquietan a un médico son infinitas, ya que de la gran mayoría de enfermedades aún se desconoce su causa y son numerosos los interrogantes en el campo de la investigación.

Incluso hoy en día, que todo el mundo tiene a su disposición la red de redes, muchas cuestiones pueden ser solucionadas, pero no podía haber momento más inoportuno para un fallo de conexión. La desesperación afloraba en todo mi ser, toda la noche con un solo pensamiento en mente, toda la noche preguntándome cómo… cómo se llamaba el primer personaje protagonista de Doctor en Alaska.

Inquietado por semejante duda, me dirigí directamente al despacho saltándome la sesión clínica. Total, tampoco es que preste mucha atención normalmente. Llegué al ascensor principal. Roto. Alcancé rápidamente el elevador de la cocina. Roto.

Odio incontrolado.

El subidón de adrenalina hizo que subiera corriendo las 13 plantas por las escaleras. Sudando, gimiendo y con la cara roja, entré en el despacho y me fui derecho al ordenador. Roto.

Ira homicida.

Lo siguiente que recuerdo fue que estaba llorando como un niño sobre la mesa cuando, de repente, se abrió la puerta y… ¡Bah! Se trataba del Dr. Macías. A éste ni le pregunto, que tiene de friki lo que yo de obispo evangelista, si los evangelistas tuvieran obispos, cosa que no sé con certeza.

—¡Doctor, ya tengo los resultados de las pruebas de Maruja! —Dijo Rodrigo entusiasmado.

—Me da igual, no me importan, hoy no estoy de humor para nada. —Le contesté con la cabeza apoyada sobre la mesa.

—¡Pero Doctor, si usted me dijo que…! —Dijo Rodrigo mientras una voz familiar le interrumpía.

—Quita Rodri, que le voy a pegar una colleja a este elemento, que se le van a quitar las ganas de vaguear.

Levanté la cabeza y ante mi, la Dra. Alba Touriño, mi residente de tercer año. 27 años de belleza e inteligencia femenina metidos en un solo cuerpo. Rubia, ojos azules, ni muy alta ni muy baja, medidas perfectas, y Cum Laude en la Facultade de Medicina de Santiago de Compostela, y encima...

—Gabi, ¿qué te ocurre? —Me dijo mientras se acercaba.

—Albariña… —Le dije con ojos de cordero. —Dime, por favor, ¿cómo puñetas se llamaba el protagonista de Doctor en Alaska, el primero?

—Joel Fleishman. —Me contestó con una sonrisa en la cara.

… era friki.

—Cásate conmigo. —Le solté.

—Gabi, ¿cuántas veces te tengo que decir que yo no me lío con gente del trabajo, y menos con médicos?

—Pero si yo no te he pedido que te líes conmigo, te he pedido en matrimonio.

—Vamos, Gabi, que ya he perdido la cuenta. Estamos bien siendo amigos, además, eres mi jefe.

—Eso se puede arreglar…

—Ni si te ocurra echarme, sabes que no podrías vivir sin mi.

—Ehm… est… ah… Tienes razón, siempre la tienes, Albariña. —A ver quién le niega a esta Diosa que tiene razón, cuando además, la tiene. —Bueno Rodri, ya estoy con ánimos, ¿de qué me estabas hablando?

—De las pruebas de Maruja. —Me respondió Rodrigo un poco molesto.

—Antes que nada, hay que poner a Albariña al corriente de to…

—Ya lo ha hecho Rodri, tranquilo. —Me interrumpió Albariña. —Y tengo que añadir que las pruebas son totalmente normales, así que propongo que la realicemos una TC.

—Un momento, Albariña, que aquí el que manda y decide soy yo. —Dije con tono solemne. —Rodrigo, ponte a rellenar los papeles para que a Maruja le hagan una TC urgentemente, que Albariña y yo vamos a ver cómo está.

—Pero Doctor, si le estaba haciendo yo el seguimiento a la paciente…

—Sin lloriqueos, Rodrigo, que ya eres mayorcito. Además, Albariña ya es R-3* y está muy buena.

Albariña me pegó un codazo en la boca del estómago.

—Quería decir que es más experta que tú, y puede resultar de mayor ayuda.

—Haber sacado matrícula en Anatomía Humana y ser cinturón negro de jujutsu es una combinación peligrosa.


Salimos del despacho, dejando a Rodrigo con su tarea. Antes de entrar en la habitación, me acerqué a Albariña.

—Albariña, tú que sugieres ante este caso.

—Gabi, creo que te has dejado bastantes cosas en el tintero. Yo empezaría preguntándole un par de cosas sobre su entorno, los cambios que recientemente han acontecido en su vida…

¡Qué bien habla la muchacha!

—… y si me apuras, indagar un poco más en su pasado, sobre todo acerca de sus padres…

¿Qué sería de Sherlock Holmes sin Watson?

—Gracias Albariña, ahora entremos.

Al entrar me llevé una sorpresa al darme cuenta de que Maruja no estaba sola. A los dos lados de la cama había cuatro personas, yo diría que de su misma edad. Una morena tetona, un chaval con sonrisa de gili, una gafitas leyendo un libro y un chico con cara de capullo y el ceño fruncido.

Continuará...


*R-3: Forma coloquial de llamar a los MIR (Médico Interno Residente). Se utiliza la R seguido del año que están realizando de Residencia en el servicio.


El próximo viernes se desvelará el "gran secreto" que envuelve a Maruja Salamina... ¡No querrás perdértelo! Sólo en BLOGDECHUSE...


Anterior

LEER COMPLETA

sábado, 7 de noviembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina IV

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina IV


Rodrigo y yo salimos de la habitación y nos dirigimos a pasar la ronda pertinente al resto de habitaciones. Ningún cambio relevante se produjo en los pacientes encamados, por lo que nos dirigimos rápidamente al despacho médico para comentar el que se había convertido en nuestro caso principal.

Al abrir la puerta la sala estaba igual de desierta que como la dejamos. Al parecer ninguno de las chicas se había dignado a aparecer para realizar sus prácticas.

—Se les va a caer el pelo a ese par de pijillas… —Dije entre dientes.

—¿Qué decía Dr. Kelzo? —Preguntó extrañado Rodrigo.

—Nada, nada. Por cierto, ya puedes dejar de hablarme por el mote, que ahora mismo no estoy para bromas. El caso de esta chica me suena, pero necesito concentración para encaminarlo bien.

—¿Y qué sugiere Dr. Salcedo?

—Creo que la respuesta es psiquiátrica…

Ambos, cansados por la ronda, decidimos sentarnos alrededor de la mesa, y así poder discutir el caso con más detenimiento.

—… tiene que ser algo patológico. No creo que seguir los pasos de ese palillero de Freud sea la solución que estamos buscando. Pediremos las pruebas de rigor, pero al mismo tiempo indagaremos sobre su historial en busca de un posible problema psiquiátrico.

—Pero doctor… —Interrumpió Rodrigo. —Si fuera así, no habría dado ya los psiquiatras o neurólogos del hospital con algo.

—Te voy a decir algo que tienes que saber sobre este hospital, Rodriguín. —Le dije mientras le miraba a los ojos. —Los de psiquiatría son una panda de inútiles que solo sabes meter zumbidos eléctricos a sus pacientes…

—Pero en neurología… —Volvió a interrumpir.

—En neurología están demasiado obsesionados con su ombligo como para centrarse en este tipo de casos. Lo peor de todo es que creen que su ombligo está en la cabeza… todas las dolencias tienen que ser de la cabeza, hasta una pierna rota. —Le dije a Rodrigo mientras miraba hacia la ventana.

—Bueno, doctor, si usted lo dice.

—El problema es que no lo digo yo solo, lo dice medio hospital. Pero bueno, qué le vamos a hacer. Para suplir esa carencia ya estoy yo, el médico entre los médicos, con el récord absoluto en el Trauma Center de la Wii… —Dije con orgullo y sacando pecho.

—Esto, doctor… —Me cortó Rodrigo como queriendo cambiar de tema. —¿Pido las pruebas de siempre?

—Sí, una analítica completa de sangre, una placa de tórax y un electrocardiograma de regalo.

—Vale, me pongo con ello.

Mientras Rodrigo se ponía con el papeleo, yo me puse a meditar sobre el caso. Esto me recordaba al juego Phoenix Wright, cuando el testigo comienza a hablar y tienes que buscar las incoherencias. Hay dos cosas me han llamado la atención: La primera, que es huérfana y la segunda, su repentina entrada a un instituto nuevo.

Lo de los padres tengo que descartarlo, ya que según leo ahora en su historial —La verdad es que podría haberlo hecho antes y así no hubiera metido la gamba—, murieron de un accidente cuando ella tenía 5 años. Un suceso de hace 12 años en pocos casos repercutiría de manera significativa en un trastorno actual.

Por lo que no me queda otra que centrarme en el cambio de instituto. Quiero decir, tiene que ser un cambio de instituto, porque entrar de nuevas a su edad, no lo veo yo muy probable. Se lo tendré que preguntar la próxima vez…

—¡Doctor! —Dijo Rodrigo elevando su voz.

—¡Por Dios! ¡Qué susto! —Me pilló desprevenido. —¿Qué ocurre?

—¡Ya he terminado con los papeles!

—Ea, ea, ya pasó chavalote. —Le di unos golpecitos en el hombro.

—¡Pero, Dr. Salcedo…! —Me dijo mientras se le salía una lágrima del ojo. —¡Es la primera vez que me deja rellenar los papeles solo!

—Oh, vamos, no me jodas. —Me levanté y me puse a mirar al techo. —Rodrigo, cuando hayas salvado la vida de una persona tú solo lo celebras… ¡No me vengas ahora con lo de los papelitos!

—Está bien, doctor. Creo que me he emocionado, lo siento. —Murmuró Rodrigo mientras se le salían los mocos de las narices.

—Pues nada, para rematar la faena, le llevas las cosas a la enfermera para que las pida, a ver si tenemos los resultados para hoy.

—¿Para hoy doctor? Pero si ya son casi las tres de la tarde…

—¿¡Qué coj…!? ¿Las tres de la tarde? —Exclamé sorprendido.

—Claro, señor…

—Mierda. El caso de esta chica me ha chupado toda la noción del tiempo. ¡Se acabó mi turno! En fin, uno que se va.

—Pero doctor, y la paciente…

—Que le hagan un seguimiento estándar y que mañana a primera hora estén los resultados sin falta.

—Doctor, no me deje solo con este montón de…

Cerré la puerta.

Si algo sé de mi vida como médico es que un buen descanso es fundamental para una buena praxis. Por eso, es esencial salir disparado del hospital una vez termina tu turno. El problema es que todo mi descanso se ve ocupado por mis frikadas, y al final, termino durmiendo lo mismo que los que se quedan haciendo guardia...

Continuará...


Anterior

LEER COMPLETA

domingo, 1 de noviembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina III

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina III


Realizar una historia clínica es lo más básico que un médico debe aprender cuando está realizando sus prácticas durante los años universitarios. Por muchas pruebas de imagen, análisis bioquímicos o futuros programa informáticos especializados, sin una historia, no se puede diagnosticar a un paciente.

El primer paso de la historia clínica es la anamnesis, es decir, una entrevista en la que se le pregunta al paciente el por qué de su visita al hospital…

—A ver Marujita… —Dijo Rodrigo con nerviosismo.

—¡Nada de Marujita! ¿Qué son esas maneras? Nos conocemos desde hace 10 minutos y ya me pones apelativos cariñosos. ¿Qué clase de médico te crees que eres con esa cara de mojigato? —Respondió “amablemente” la paciente.

—Doctor, yo no puedo con esto, se lo dejo a usted, yo aún soy muy joven para cometer homicidio… ¡Tengo una vida por delante! —Me dijo Rodrigo en voz baja mientras lloraba apoyado sobre mi pecho.

Como decía, la anamnesis es lo más importante, pero hay que evitar tomarse ciertas libertades a la hora de hablar con tu paciente. Ni muy formal ni muy informal, hay que saber encontrar el término medio, y tampoco se debe caer en los tecnicismos, ya que el paciente no tiene porqué conocer el lenguaje médico.

—Vale, yo me encargo de todo.

En momentos como este desearía no haber dejado de fumar.

—A ver Señorita Salamina. —Dije en tono solemne.

—Puede llamarme Maruja. —Respondió la joven mientras apartaba la mirada.

—Te voy a realizar una serie de preguntas y quiero que seas del todo sincera conmigo.

—Está bien. Pero nada de preguntas obvias.

—Muy bien. Cuéntame todo lo que te preocupa. ¿Por qué has venido al hospital? Pero sobre todo si hay algo a lo que se pueda atribuir.

—Bueno, como ya te dije antes de la interrupción, tengo la sensación de que ocurre todo lo que pienso, es decir, que puedo controlar el mundo que existe a mi alrededor. El problema es que no sé cómo controlarlo, es superior a mí.

—¿Y eso te ocurre desde hace…?

—No mucho tiempo, quiero decir, no tengo constancia de ello desde hace mucho tiempo, aunque podría haberme ocurrido antes.

—¿Algún cambio en tu vida diaria significativo?

—Pues no. Bueno sí, hace poco que entré en el instituto y he creado un club.

—¿Un club? ¿De qué?

—No tiene ninguna finalidad especial. Simplemente sirve para pasar el rato.

—Uhm. Bueno, no creo que tenga mucha relevancia por el momento. Pasemos a temas más importantes. Esto, ¿tienes alguna enfermedad de base?

—¿De base? ¿Por qué? ¿Cree que tengo la Gripe A?

—¡Gripe Ahhh! Esto no, no tiene nada que ver con eso…

Otra vez lo de la Gripe A esa… digo yo que será algo importante. Tendré que dejar de dormirme en las sesiones clínicas de Serrano… o ver las noticias…

—No, a ver, me refiero a que si tienes diabetes, hipertensión… o dislipemia de algún tipo…

—¿Dislip…? ¿Estás insinuando que estoy gorda?

—No a ver mujer, no decía eso. —Dije para tranquilizarla. La verdad es que esta chica se rebota a la primera. Si llevara coleta, esto fuera un anime y la doblara Rie Kugimiya, estaría tratando con una tsundere 100%.

Un momento, anime… creo que estoy empezando a recordar algo. Voy a seguir con la anamnesis a ver si consigo algo.

—Vale, entonces no tienes ninguna patología importante… ¿te han operado de algo?

—No. —Respondió tajantemente.

—Esto, y ¿tus padres o algún familiar tiene antecedentes de alguna enfermedad importante?

—Yo no tengo padres. —Dijo con cara amenzante.

—Eh… ¿pero ellos…?

—Yo nunca he tenido padres, ¿queda claro? —Repitió, mientras sus ojos me penetraban como una puñalada en el corazón.

—¿Fumas? ¿Bebes? ¿Tomas algún tipo de droga…?

—No. Ni lo he hecho, ni lo pienso hacer…

—Vale, sigamos con unas preguntas más generales. ¿Tienes algún problema a la hora de dormir, te sientes cansada o tienes algún tipo de mareo?

—No. —La chica ya ni me miraba a la cara.

En momentos como este desearía no haber dejado de beber…

—Vale, parece que todo está bastante bien por este frente. Ahora vamos a realizar la exploración pertinente. —Dije con la vena de la cabeza más hinchada que el estómago de Gordo Cabrón tras el banquete de una comunión. —Oye, Dr. Macías, ayúdame con la exploración.

—¿Quiere que la agarre? —Dijo Rodrigo con disimulo.

—No, no creo que haga falta. Además, seguro que te denunciaría por acoso sexual. —Le susurré.

—Bueno, Maruja, desabróchate el pijama que te vamos a auscultar y palpar.

—¿Que me va a hacer qué, so pervertido? ¡No pienso hacerlo! ¡Me niego! ¡Si me ponen la mano encima les sacaré todos los cuartos que tengan metidos en el banco! ¡Y bajo el colchón también!

—Qué te decía… Esto tiene pinta de durar bastante… —Le dije a Rodrigo mientras agachaba la cabeza.

En momentos como este desearía no haber dejado de esnifar pegamento...

—A ver, Maruja. —Me puse serio, bueno, lo intenté. —¿Quieres de verdad que te ayudemos con tu problema?

—Esto… sí. —Respondió como resoplando.

—Pues entonces tienes que dejarnos que te exploremos. —Seguía serio. —Somos profesionales de la medicina, y este es el procedimiento que hay que realizar con todos los pacientes que vienen a medicina interna.

—Vale, está bien. —Dijo no muy convencida.

Tras esto, nos dispusimos a realizarle una completa exploración que no voy a detallar, ya que tendría que utilizar un lenguaje médico muy complejo para que vuestras mentes calenturientas no piensen lo que no es, y el caso es que no tengo ninguna gana. Así que si no tenéis ganas de imaginároslo, hay películas guarras de médicos en Internet que explican muy bien lo que vosotros queréis pensar que es, y que no es.

Sin embargo, la exploración no dejó nada en claro. Todo lo contrario, estaba como una rosa, lo normal para una chica de 17 años. ¿Qué es lo que me atormenta y no puedo recordar?

—Dr. Macías, tenemos que discutir el caso en el despacho.

—Sí, doctor.

—Bueno, Maruja. Cuando sepamos algo, vendremos a contártelo.

Dicen que una buena historia clínica es la base de todo diagnóstico, que es mucho más importante que cualquier otro tipo de prueba adicional, y que sin ella, la medicina sería del todo ineficaz. Pero luego hay casos como éste, en el que desearías que toda la comunidad médica se metiera por el culo la dichosa historia…

—Aún así, lo más seguro es que te tengamos que hacer unas pruebas.

… y dónde no queda más remedio, que tirar de un montón de pruebas que cuestan un ojo de la cara, y parte del otro.

Continuará...


Anterior

LEER COMPLETA

lunes, 28 de septiembre de 2009

Mala Praxis: Presentando a Gabriel Salcedo




Nombre: Dr. Gabriel Salcedo Marquina
Edad: 35
Nacido en:
Madrid
Profesión: Médico Adjunto
Especialidad: Medicina Interna
Le gusta: Las mujeres (Sobre todo las enfermeras). Cualquier cosa que pueda considerarse friki (Todo, todo, todo...)
Le disgusta: Los pacientes problemáticos, las guardias interminables... el reggeaton.

LEER COMPLETA

sábado, 26 de septiembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina II

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina II

Una duda me invadió antes de dejar el despacho médico. ¿Dónde puñetas estaba todo el mundo? Al fin y al cabo, sólo estábamos el Dr. Macías y yo.

—Rodri, sé que puede sonar estúpido pero, ¿dónde están los demás?

—¿No lo sabe doctor? —Preguntó asombrado.

—Si lo supiera, no te lo preguntaría. —Le respondí sarcásticamente mientras pensaba lo mucho que odiaba ese tipo de preguntas. —¿Dónde está Albariña?

—A ver, la Dra. Touriño está saliente de guardia, el Jefe Serrano está…

—No, al Dr. Serrano déjale estar dónde quiera que esté. —Dije mientras un escalofrío me recorría la espalda. —Prefiero no saberlo. ¿Dónde están mis amados estudiantes?

—¿Amados…? Esto… Jesús está haciendo en la Facultad su examen final de Farmacología y…

—A ver si a la quinta va la vencida. —Jesús es uno de mis estudiantes preferidos, porque es un friki como yo. De hecho le he convertido en mi aprendiz padawan. —Desde que ha repetido curso, le veo más animado y sus notas han mejorado considerablemente.

—…Zéctor está arreglando unos papeles en la oficia Erasmus. Pero ya le dijo que no iba a venir, porque parece que en esa oficina le tienen manía a los polacos.

—¿Y el dúo dinámico?

—¿Se refiere a Soraya y Dolores? —Dijo Rodrigo extrañado.

—Las mismas.

—Pues lo de siempre. Supongo que haciendo novillos.

—¿¡Otra vez!? —Exclamé con enfado. —Parece mentira que unas chicas tan pijillas y peperas como ellas, se fumen tantas prácticas. Si no fuera porque sus padres no paran de hacer donaciones al hospital… aunque a este paso, y con esas hijas, van a terminar arruinándose…


Arreglado el problema de las ausencias, ambos nos dirigimos a la habitación 41, para hacerle las preguntas de rigor y la exploración física pertinente, a nuestra nueva paciente. Sigo preguntándomelo, pero no consigo saber de dónde me suena el nombrecito de la muchacha.

Las habitaciones del hospital no eran muy grandes, lo justo para que entraran dos camas, a excepción de las preparadas para aislamiento, que eran un poco más pequeñas. Sin embargo, al entrar me llevé una sorpresa, ya que una de las camas no estaba, y no se había planeado ninguna prueba especial para todo el día.

Así que le pregunté a la enfermera que nos acompañaba.

—Sonia, ¿por qué falta una cama en esta habitación?

—Digamos que ha pedido el traslado de planta. —Contestó Sonia mientras miraba a otro lado.

Me abrí paso sorteando el borde de la cama y saludé a la paciente en cuestión.

—Buenos días, soy el Dr. Salcedo y me han encargado tu caso.

—Hola. —Contestó ella escuetamente.

Se trataba de una chica bastante guapa, con un pelo moreno no muy largo recogido con un cinta amarilla. Sus ojos castaños reflejaban un descaro muy usual en los jóvenes de hoy en día, pero algo me decía, que no era como los demás.

—Ah, y éste es el Dr. Macías. Él me acompañará en el reconocimiento. —Agregué sonriente.

—Vale, hola. —Respondió mirando a la ventana.

La verdad es que la chica no parecía ser muy habladora, y se le notaba cierto aire melancólico. Estoy acostumbrado a este tipo de comportamiento en personas ancianas, pero no en adolescentes.

—Esto, vamos a empezar con unas preguntitas si te parece bien. —Dije con cierto nerviosismo. —Comencemos por tus datos personales.

—¿Acaso eres tonto? ¿Eso no lo pone ya en mi expediente? —Su semblante cambió de repente. Ahora estaba a la defensiva.

—Ya, pero se lo tenemos que preguntar a todo el mundo. De este modo podemos conocer el estado metal del paciente.

—¿Estás sugiriendo que estoy loca? —Preguntó con enfado.

La cagué. Le he soltado lo único que no debía, y más si me la mandan de psiquiatría. Es un error de principiante, pero no estoy acostumbrado a tratar con pacientes tan jóvenes. No me queda más remedio que dejárselo a él.

—Dr. Macías, prosiga por favor. —Le dije mientras me miraba con una profunda cara de odio a la vez que de terror.

—Pero Doctor, yo… no… —Rodrigo temblaba.

—No me repliques Rodri, ya va siendo hora de que empieces a tratar a los pacientes tú solo. —Le susurré a Rodrigo mientras la chica observaba silenciosamente.

—¿Bueno, qué? ¿Vais a hacer algo o seguiréis cotorreando como dos amas de casa?

Me temo que esta chica va a ser un hueso duro de roer. Ahora sé porqué su compañero de habitación pidió el traslado. Pero Rodrigo debe de aprender a afrontar situaciones difíciles como un verdadero médico. Y también debe aprender a comerse los marrones de sus superiores…

—A ver, esto… Maruja. ¿Tienes 17 años, no?

—Sí, eso pone en mi DNI.

—Y… y… —Rodrigo agarraba el informe como si lo estuviera estrangulando. —¿Por qué estás aquí?

—No es evidente, porque ME han mandado aquí.

—No, me refiero a por qué ingresaste en urgencias. —Dijo Rodrigo un poco más calmado. —En el informe pone que entraste aquejada de un fuerte ataque de ansiedad, pero no sé los motivos. ¿Podrías explicármelos?

—Ah, eso. —Parece que Maruja también se tranquilizó. —Es una historia bastante larga, pero la resumiré en pocas palabras. Desde hace algún tiempo, tengo la sensación de qué puedo controlar todo lo que me rodea. No sé… es como si tuviera poderes, pero no puedo controlarlos cuando me plazca.

Mi mente se iluminó. Lo que había dicho Maruja también lo había oído en algún lugar, al igual que su nombre. Lo tenía en la punta de la lengua…

—Dr. Macías, podemos hablar un momento en privado.

—Por supuesto.

—Esta chica está como una cabra. La devolvemos a psiquiatría.

…pero no conseguía recordarlo.

—Pero Doctor, ¿no sería mejor que antes le hagamos una historia clínica?

La idea de Rodrigo me intrigaba, aún era pronto para tirar la toalla. A lo mejor recordaba algo mientras le hacíamos preguntas.

—Vale, tienes razón. Pero se la haces tú.

Continuará...


Anterior

LEER COMPLETA

domingo, 20 de septiembre de 2009

Mala Praxis c01: La Melancolía de Maruja Salamina I

Esta historia es ficticia. No está inspirada en personajes, organizaciones ni hechos reales. Cualquier parecido con la realidad es pura casualidad... lo juro... tuturuturu...

Capítulo 1: La Melancolía de Maruja Salamina I

Yo, Gabriel Salcedo, soy el médico responsable de la planta 13 de medicina interna de un hospital universitario cualquiera… pero en realidad, soy un cyborg reconstruido por una bella y joven científica, con el fin de proteger a los habitantes de mi ciudad.
Lo primero es cierto… lo segundo, lo dejo a vuestra elección…

Otra mañana más en el hospital. La tranquilidad se respira tras la dura guardia nocturna. El cambio de turno se presenta como el descanso deseado para muchos, pero como la vuelta a la rutina para otros tantos.

Todas las mañana lo mismo. Como responsable de planta, es mi deber el presenciar todas y cada una de las sesiones clínicas del servicio. Unos días les toca a los residentes, otros, incluso a los estudiantes, pero en el día de hoy, se ha dado el peor de los casos.

El Dr. Miguel Serrano, jefe de sección, había dado otra de sus extensas y aburridas charlas sobre no-se-qué nueva enfermedad que a nadie le importa un comino. Como buen profesional y jefe de un excelente equipo de médicos, he cumplido con lo que se esperaba de mí. Me he echado una cabezadita —Total, con el aula a oscuras nadie se da cuenta de nada— y le he dejado el trabajo de copiar el rollo a mi residente, el Dr. Rodrigo Macías —Podéis llamarme cabrón o lo que queráis, pero aquí, eso lo hace todo el mundo—.

Sin más preámbulos, me dirijo al cuartel general, también conocido como Despacho Médico. Un lugar de lo más acogedor, donde nada más entrar, encuentras una gran mesa bajo la ventana. A su alrededor, sillas para todo el equipo, destacando mi sillón de piel, único en la planta y de naturaleza cómoda, e intransferible. Los archivadores y estanterías se podían ver por doquier, y en la esquina izquierda, una mesilla con un PC del año catapún, pero que tenía acceso tanto a la intranet como a Internet.

En la pared frente a la ventana, hay una gran pizarra en la que escribimos los datos principales de nuestros pacientes, y al justo al lado, un cartel sobre mi investigación acerca de la Bronquiolitis obliterante con neumonía organizada —BONO para los amigos—, que le daba un toque de prestigio y seriedad al despacho.

Prestigio y seriedad destrozados por el póster dos veces más grande de La Guerra de las Galaxias que hay colgado en la pared adyacente. En un principio se iba a tratar de un macro-póster de las 31 alumnas de Negima! con la falda levantada al viento, pero mi equipo mostró un pelín de disconformidad. Y claro, yo siempre tengo en cuenta la opinión de mis subordinados, así que opté por el cartel de la primera película de Star Wars en japonés.

Entré en el despacho y me encontré con una gran cantidad de papeleo sin rellenar sobre la mesa, y unas estanterías llenas de historias clínicas por procesar. Y es que tener a la secretaría de baja durante 5 meses y no contratar una nueva no debe ser nada recomendable.

Bajo el papeleo se podía atisbar una figura, que no era otra que la del Dr. Macías leyendo como un loco varios de los informes atrasados. Mi entrada en escena pareció interrumpirle y me saludó.

—Black Jack Sensei, ¿cómo se encuentra tras la siesta que se ha pegado durante la charla del Jefe Serrano? —Preguntó con una sonrisa falsa en su cara.

—Pues bien, Rodriguín. Ya sabes que los rollos de Serrano son mejores sedantes que las *benzodiacepinas.—Repliqué. —Ah, y por cierto, ya me he cansado de que me llames así, este mes toca que me llames Dr. Kelzo.

—Pero…

—Sin rechistar. Que esto se lo hago a todos los nuevos. Tú no vas a ser menos. Por cierto, ¿de qué trataba la charla de Serrano?

—Doctor, era sobre la Gripe A. —Contestó alarmado.

—¿La gripe qué?

—Sí, la gripe A, la gripe porcina originada en México y que se está cobrando vidas en medio mundo. —Dijo Rodrigo con un leve tartamudeo. —¿¡Es que usted no ve la televisión!?

—¿Yo? Qué va. —Respondí tajantemente. —Ya sabes que yo la tele la tengo para ver anime o series americanas. Y si en House no han dicho nada sobre esa gripe de la que me hablas, yo no tengo ni idea.

—¿Pero Internet si tiene, no? —Preguntó cabreado. —Esta enfermedad inunda todas las páginas de noticias y la mitad de los blogs.

—Mira, te diré algo parecido a lo de antes. El ordenador está para ver anime y leer manga, e Internet para ver el Youtube y bajarse cosas. —Y me quedo tan pancho—. Pero bueno, dejémonos de historias, y vamos con los pacientes nuevos, ya me darás el informe de esa gripe tan famosa cuando terminemos las visitas.

—Lo que usted diga Dr. Kelzo —Dijo Rodrigo con resignación. —A ver, la primera es la paciente de la 1341. Mujer de 17 años, que llegó hace una semana al servicio de urgencias con un cuadro grave de ansiedad. Ha pasado por los servicios de neurología, primero, y de psiquiatría, después, y nos la remiten para ver si podemos sacar algo en claro de este asunto.

—Vamos, que no tienen ni idea de lo que la pasa. —Dije consternado. —Bueno, ¿qué le vamos a hacer? Para casos así, estamos nosotros. ¿Y cómo dices que se llama la paciente? —Pregunté con curiosidad.

—Maruja Salamina. —Respondió Rodrigo.

—¿Maruja… Salamina…? No se por qué, pero ese nombre me suena de algo. —Afirmé intrigado. —Vamos a hacerle una pequeña visita.

Continuará...


*Benzodiacepinas: Fármacos utilizados para el tratamiento de la ansiedad, y que entre sus efectos se encuentra la sedación. El Diazepam (Valium) pertenece a esta familia de medicamentos.


LEER COMPLETA

Linkwithin

Related Posts with Thumbnails
BLOGDECHUSE © 2008-2010
Este blog es mio, así como todos los opiniones que pongo en él. Sin embargo, no me hago responsable de los comentarios vertidos por terceras personas.
Las imágenes e ilustraciones que aparecen en este blog no me pertenecen, son propiedad de sus respectivos autores/as.
Sin embargo, las fotos de mis compras sí son de mi propiedad.

  ©BLOGDECHUSE 3.0 by chusetto.